lunes, 13 de julio de 2026

ocean peace



Ocean Peace  (Canción venezolana by Danny Ocean, Premio Nobel de la Paz)

Venezuela es enorme 
No se rompe 
Vean la espontánea solidaridad 
Orden espontáneo natural 

Esperanza eternamente 
Mentes inquietas 
La quietud de las tormentas 
Océano 🌊 de futuro 

Somos Highlanders 
Casi inmortales 
9 millones fuera 
25 adentro, fuerzas!

El demonio manda bestias 27 años 
Deslaves sin volcanes 
Riadas en desiertos 
Terrorismo terremoto 

No podrán 
Ven la gente unida?
A pesar del gobierno inepto 
Usurpa, roba, mata 

Zapatero a tu zapato 
Monedero a tus iglesias 
Detrás de un errejón 
El perro del hijo de Santxo 
Todos 
Parte de culpa 

No toda 
No olvido 
Capito?
Falta poquito 


María 
Mujer 
Mejor 
Mar 

Océanos
de florecimiento humano 
PAX Venezuelanensis
Así como Daniel 

Profeta en 🌎 
Canta otro himno 
Billones de vellos 
Izados en tricolores 
Diáspora sueña, ayuda 


Uno 
Poeta loco 
Científico tonto 
Païto de 3, aite 

Vive para soñar 
Amar 
Fuerza 
Fe 

Dios ilumina cada alma del planeta 
Open my eyes 
Danny sigue cantando 
María una mujer de Dios 
Una madre de Dios 

Amar al 🌎 como 1 sólo 
Santificando tu labor 
Obra, opera, labra, 
Haz, crea, crece, florece!

Vamos 
Pa Lante es pallá!

Max Padrón by Darryl Jory


La industria acuícola en Venezuela pierde a un gigante pionero.

Durante décadas, Max Padrón dedicó su vida a transformar la camaronicultura Venezolana. Con visión, rigor científico y siempre pragmático, y un profundo amor por el país, impulsó el desarrollo de tecnologías de cultivos y la formación de generaciones de profesionales. Gracias a su trabajo, la industria nació y mejoró su productividad, se abrieron mercados y se crearon empleos en regiones donde el camarón se convirtió en un motor económico.
Pero su mayor legado no está solo en las toneladas producidas. Su mayor legado está en las personas. Formó a muchos estudiantes y colegas con paciencia, generosidad y exigencia. Muchos de los que hoy lideran granjas, laboratorios y empresas del sector fueron sus alumnos o aprendieron a su lado. Les enseñó no solo técnica, sino ética, resiliencia y la convicción de que la acuacultura puede ser una herramienta de desarrollo y dignidad.
La verdadera medida de una vida no es cuánto logramos para nosotros mismos, sino cuántas vidas tocamos. Max lo entendió perfectamente. Hizo la diferencia en la industria del camarón venezolano, y lo hizo tocando profundamente las vidas de estudiantes y colegas que hoy continúan su camino.
Que su ejemplo nos recuerde siempre: la mejor manera de trascender es formar a otros. Porque cuando se tocan muchas vidas, se multiplica el impacto… y se deja un legado que ni la muerte puede borrar.
Max: descansa en paz. Tu semilla sigue creciendo en cada estanque y en cada joven profesional que hoy cultiva el mar Venezolano con orgullo.
Max: gracias siempre - vientos favorables y navegación tranquila en la eternidad.

 Darryl Jory